jueves, 29 de octubre de 2009

Se viene...


miércoles, 28 de octubre de 2009

Homenaje

Homenaje nada Flaco
Por Guillermo Blanco

Uno de los tantos conserjes del hotel de Munich imagina, y bien, que Jürgen Klinsmann ha llegado hasta allí a buscar para la cena a su respetado y respetable invitado. Hace varios días que viene intentándolo pero hasta ahora ha sido imposible porque aquél tuvo que viajar a Nuremberg para recibir un reconocimiento por su trayectoria otorgado por la “Academia del Fútbol” con asiento en esa ciudad alemana tan cara al sentimiento universal. Baja de su habitación César Luis Menotti y su ex dirigido en la Sampdoria lo saluda con una mezcla de respeto y devoción, antes de llevarlo en su auto hasta un añejo restaurant italiano de la capital bávara donde, ya sentados a la mesa, saca una carpeta y se dirige a su interlocutor argentino en el idioma del Dante:
–Gracias por aceptar la invitación, César. Yo no he olvidado todo lo que aprendí con usted en Italia, y menos lo que me ayudó durante la Copa del Mundo antes del partido con Suecia. Mire, le traje el dibujo que usted me hizo sobre cómo parar el equipo, retrasándolo un poco a Torsten Frings para que tuviera más panorama y me ordenara mejor la zona central...
La antropofagia nativa ha impedido que trascendiera no ya la anécdota, sino el reconocimiento a un referente que tanto ha hecho por el fútbol argentino, en la defensa de su identidad permanente desde que tuvo uso de razón y hasta estos días en que los 71 años lo sorprenden ya de regreso a Buenos Aires a la cero hora del jueves 22 junto a Angel Cappa, “Fatiga” Russo, Cayetano Rodríguez, el profesor Fernando Signorini, el kinesiólogo Hugo Dorée, los doctores Mayorga y Leali y algunos amigos más con quienes compartió un brindis.
El periodismo deportivo “modernoso” local no tiene tiempo para este tipo de noticias. Está atrapado y sumergido en una vorágine de liviandad coyuntural que deja pasar estas pequeñas grandes oportunidades simbólicas para informar a las nuevas generaciones, amén de los portadores de intereses lejanos al oficio que por supuesto miran para otro lado. Rainer Holzschuh, director de la prestigiosa Kicker (que nació en 1920, un año después que El Gráfico en la Argentina), dijo al otorgarle la distinción: “Menotti sigue siendo una persona extraordinaria que con su trayectoria y sus opiniones pasó mucho más allá de merecer ser premiado sólo en el rubro fútbol (...) A nosotros, a los jurados de la Academia del Fútbol de Nuremberg y a Kicker, que somos gente con la mente y el sentido bien abiertos, nos impresionaron no sólo los méritos futbolísticos de Menotti sino mucho más su don de ‘filósofo del fútbol’, con sus ideas abiertas con las cuales se destacó durante y después del futbolísticamente exitoso Mundial ’78, a pesar de que a Argentina la presidiera una junta militar. Pero con esa conducta Menotti se ganó una importancia inmensa y merecida mucho más allá del fútbol. Y se puede ver que el honrado es un hombre extraordinario con intereses que van mucho más allá de un premiado común de fútbol”.
Se está hablando de un argentino lejos del ombligo del mundo en el que tantos creen que viven, de alguien que con su sabiduría y convicción tomó las riendas del desbocado y desorientado fútbol argentino a nivel seleccionado para, desde ahí, reubicarlo en el cauce del río madre, el que traía la savia de los Sastre, los Moreno, los Di Stéfano, los Pedernera, los Sívori y tantos otros, propietarios de una raíz futbolera que cíclicamente trata de florecer, aunque cada vez que aparece un referente válido algunos carnívoros tratan de minimizarlo o se hacen los boludos hasta que las evidencias puedan más que su sofismo (como Luis Galván y a Valencia en el ’78, o este Mario Bolatti recién reconocido después del gol a Uruguay pero que caía en la volteada por crecer bajo el ala de Cappa y el toque de Huracán).
El porqué del homenaje a Menotti, que –dicho no sea de paso había sido recibido por un solo compatriota, el legendario Alfredo Di Stéfano– sigue siendo justificado por el periodista alemán: “Después de su arranque inspirador como DT, la AFA lo convocó para la Selección, Argentina había jugado un pésimo Mundial ’74 en Alemania y con Menotti arrancó un proyecto nuevo que tuvo como misión rescatar el orgullo nacional y lo logró: un equipazo que pudo ganar por primera vez una Copa del mundo. Desde 1976 regía una dictadura militar en el país, los militares entonces lo dejaron trabajar al ya entonces tan político como crítico Menotti, porque esperaban un éxito futbolístico que aumentara la popularidad del gobierno de facto. Pero Menotti se distanció toda vez que le fue posible...”
Continúa el discurso del alemán: “Ya en aquellos tiempos consolidó el concepto de un fútbol de izquierda y otro de derecha. En entrevistas en Kicker nos explicó que ‘el público se da cuenta si un equipo quiere armar el juego y si los jugadores se divierten en la cancha o si juegan de una forma miedosa y destructiva’. Y remarcaba que ‘el fútbol de izquierda es generoso y está obligado con la gente. Es honesto y no se basa únicamente en el resultado. En este sentido, un equipo jamás debe engañar a sus hinchas. En cambio el fútbol de derecha es sólo un instrumento para el resultado’”.
Ese aspecto quedó en claro otras veces: “‘Quiero que ganen la inteligencia y la creatividad y no la destrucción o la torpeza. Claro que quiero ganar, pero porque mi equipo jugó mejor y no porque impidió el desarrollo del juego del rival’. Acaso por esta creencia, Menotti no logró implementar como hubiera querido su fútbol en España e Italia, ligas con un fútbol demasiado cerrado. Y hoy hay gente que opina que Menotti es un ilusionista. Estas críticas se basan en frases del propio Menotti, como que ‘la plata no degeneró a Picasso, pero sí puede degenerar a jugadores talentosos y transformarlos en mercenarios de los resultados’”.
Queda el remate: “Señor Menotti, nos fascinan sus ideas de fútbol y hoy todavía me alegro como un chico cuando veo una gambeta, una serie de pases o una chilena. Por el contrario, nos hace enojar el juego estúpido, anclado por una táctica cobarde que sólo se basa en la especulación. Por más que haya jugadores y técnicos que en conferencias de prensa posteriores a los partidos intenten convencer a los oyentes que tal táctica ha sido adecuada sólo porque al final ganaron”.
Menotti agradece, se va con su urkunde –diploma en alemán–, y en Munich seguirá derramando ideas, como ocurre en este momento con su ex alumno Klinsmann, que lo ha estado buscando y ahora lo tiene solito para él, para seguir aprendiendo, después de guardar el papel en el cual el maestro lo guió para mejorar el rendimiento de la Selección que tan dignamente dirigía.

miércoles, 21 de octubre de 2009

lunes, 19 de octubre de 2009

Día de la Madre


el Mickey, Quemero
los claveles, del Ducó
la cerveza, para apagar la insolación
la camisa, regalito de las nenas
besos, mimos y más besos
un hermoso día

sábado, 17 de octubre de 2009

Día de la Lealtad




jueves, 15 de octubre de 2009

"EL" 5

SúperMario. El Príncipe de la Quema

miércoles, 14 de octubre de 2009

Boolaaatti Boolaaatti



... y

¡¡¡ Felices 19 años

Peña Dale Globo de Mar del Plata !!!

(Qué regalito el de Mario, eh!)

viernes, 9 de octubre de 2009

69


viernes, 2 de octubre de 2009

2 de Octubre. Efemérides


Día de los Ángeles Custodios



Día Internacional de la
No Violencia



1869.Nace Mahatma Gandhi


1890. Nace Groucho Marx

1924. Primer Gol Olímpico, convertido por Cesáreo Onzari -puntero izquierdo integrante de los cuatro planteles campeones de Huracán en el amateurismo-, jugando para la Selección Argentina en un amistoso contra Uruguay (flamante campeón olímpico, de ahí la denominación de gol olímpico)



1951. Nace Sting



1968.Tlatelolco



1975.Nace La Maga
(en breve, la foto)


jueves, 1 de octubre de 2009

Convocatoria quemera


martes, 22 de septiembre de 2009

Recuerdos

viernes, 18 de septiembre de 2009

Para leer

Acá va la versión digital completa de Dos años de vacaciones de Julio Verne.

Que lo disfruten.

Dos años de vacaciones

jueves, 17 de septiembre de 2009

17 de Septiembre: Día del Profesor

"El profesor mediocre dice.
El buen profesor explica.
El profesor superior demuestra.
El gran profesor inspira."
(William Arthur Ward)

miércoles, 16 de septiembre de 2009

36 años

LA PRIMAVERA SOCIAL Y FUTBOLÍSTICA DE LOS ARGENTINOS.
Roberto Di Giano




Si bien en el fútbol argentino de los primeros años 70 siguió operando la coexistencia conflictiva de dos modelos deportivos - aquél forjado en las primeras décadas de este siglo que se fue diferenciando progresivamente del estilo inglés y el que se instaló a principios de la década del 60 siguiendo pautas de organización europeas -, acorde con el clima de época hubo un equipo emblemático (el Huracán dirigido por César Luis Menotti) que revalorizando los bienes futbolísticos tradicionales se engancharía en muchos aspectos con el proceso de cambio que se estaba pergeñando en muchos frentes de la sociedad argentina.Eran tiempos en que la construcción de discursos que llevaban el sello de "lo nacional y popular" teñía gran parte de las actividades culturales de nuestro país, en momentos en que tenían una fuerte presencia los sectores populares que intentaban reinvindicar su producción cultural autónoma luego del período de desintegración social producto, en gran medida, de la modernización de carácter dependiente que se trató de implementar en el país.Una manifestación cultural importante como el fútbol, si bien de una manera no generalizada, tampoco estaría ausente de esa firme corriente de reacción contra la reciente experiencia de desnacionalización, corriente que se encontraba liderada, políticamente, por un amplio movimiento - el peronista - que resultó permeable a múltiples sectores que encontraron en él el mejor lugar para expandir las posturas antiimperialistas1.Para describir este panorama se analizarán, entre otros, diversos mensajes emitidos por los integrantes de aquel de Huracán que se consagraría a la postre campeón en 1973, en los diarios y revistas de la época (concretamente, los que estaban más estrechamente relacionados con el marco sociocultural de la época). Asimismo, se tomarán también en cuenta algunas posturas que el poder político de entonces asumiera en relación al deporte.Un objetivo primordial: la liberación.







La necesidad de comprometerse con el tiempo político, un signo fuerte de la época, se añadía inexorablemente a los roles específicos que desarrollaban los jugadores dentro de la esfera deportiva, y queda testimoniada, entre otras cosas, en la solicitada de apoyo al peronismo que firmaron varios integrantes del plantel de Huracán. Allí se pronunciaban tanto por una práctica deportiva que tuviera más en cuenta las demandas de los sectores populares como por brindar su apoyo a aquella consigna de fuerte vigencia en esos tiempos y que denunciaba la existencia de países imperialistas y países dominados: "liberación o dependencia"2.Uno de los firmantes de la solicitada, el defensor Jorge Carrascosa, consecuente con esa línea de pensamiento que abogaba en favor de un compromiso más serio del futbolista, el compromiso con la realidad social, afirmaba lo siguiente: "A mí me importa ser protagonista de mi tiempo, tomar parte. (...) Entonces, necesito documentarme, conocer mi país"3.El director técnico Menotti, que se distinguía por poseer un capital cultural y contestatario superior al de sus colegas, por estos tiempos mostraba un gran sentido libertario4, y apuntaba a lograr que primara en el equipo por él dirigido la espontaneidad en detrimento de la organización, la creatividad en perjuicio de la enajenación: "No me convence mucho eso de 'imponer disciplinas' en el plantel. Me suena a régimen militar y el fútbol es otra cosa. (...) En todo caso, lo que me preocupa, es contar con gente que sea honesta y no mansa por temor a los castigos"5.




Es decir, entonces, que el entrenador del equipo de Huracán intentaba expandir formas consensuales en su entorno más inmediato en detrimento de la coacción exterior. De esta manera el tipo de vinculación basado en la disciplina que conllevó consigo el proceso de modernización de los años 60 es sustituido por el de la camaradería y los aspectos afectivos vuelven nuevamente así a tener sentido. El dirigido en este proceso tiende a dejar de ser tal para convertirse en un compañero, el compañero en un amigo: "El plantel tiene que vivir la amistad; que el marcador de punta no haga un cierre por obligación, sino para cuidar la espalda de un amigo"6. El sentido libertario de Menotti era compartido también por otros integrantes del plantel de Huracán que, por ejemplo, quedan desligados del seleccionado nacional por no soportar las concentraciones prolongadas y el esquema represivo que allí impera. Uno de ellos, el jugador Francisco Russo, lo testimonia de esta manera: "Desde chico no me gusta el encierro. No me acostumbro. (...) Debieron tratarme con calmantes y ni con eso me pasaron los problemas"7.





El acercamiento del poder político.

La actitud de Miguel Angel Brindisi, uno de los jugadores más creativos de ese plantel, que prefirió reiteradamente seguir jugando al fútbol en el país a ser trasladado al exterior, desechando así importantes beneficios económicos, llevó a que el presidente de la Nación, Juan Perón, le entregara la medalla de la "Reconstrucción Nacional". Este reconocimiento estaba inscripto dentro de un marco ideológico más amplio en donde se expresaba que la desidia de los gobiernos oligárquicos había servido para destruir lo que tanto había costado conseguir, en todos los campos, durante la etapa peronista, iniciada formalmente en 1946 y que culminó abruptamente en setiembre de 1955 cuando el gobierno constitucional fue desplazado del poder como consecuencia de una conspiración cívico-militar que formuló la urgente necesidad de abrirnos en forma irrestricta al mundo "civilizado".



Y ahora, que el peronismo se encontraba nuevamente en el poder, era necesario, entonces, recuperar aquella rica experiencia popular de tinte nacionalista (reacomodada, por supuesto, a posiciones sustentadas desde un presente pero siempre de reacción contra cualquier intento de subordinación a países u organismos extranjeros, lucha que se consideraba indispensable para el logro del bienestar de la población)8.Concretamente (y más allá del posible rédito político) se pretendía estimular también en la esfera deportiva una política que tendiera a restablecer un tipo de actitud que redundara en una cuestión sumamente gratificante para la mayoría de los integrantes de la comunidad: "En nombre del deporte argentino, le quiero hacer llegar a Brindisi nuestras felicitaciones y complacencia. Se puede honrar el deporte en todas partes, pero donde mejor se lo hace es en su propia Patria"9.

Los criterios éticos y estéticos.

En esta estructura futbolística que rescataba los rasgos singulares de nuestra cultura, junto a un valor primordial como la libertad operaban otros atributos como la belleza y además una rica gama de sentimientos que tendían a revitalizar lo que había sido apagado por ese proceso modernizador que respondiendo a patrones éticos y estéticos extraños al eje de nuestra historia, había logrado quebrar la línea de continuidad de un valioso patrimonio cultural de los argentinos.Es que aquel plantel dirigido por César Menotti contaba con ciertos jugadores que desarrollaban un tipo de juego que podía asociarse de manera inmediata, en tantísimos aspectos, con una estética tradicional de nuestro fútbol que estuviera basada, primordialmente, tanto en el virtuosismo técnico expuesto por los deportistas como en la posibilidad que dejaba para que ellos expandieran las picardías.



De allí que se pudieron visualizar nuevamente en los campos deportivos de nuestro país muchos elementos que implicaban, en buena medida, un rescate de ricas características propias que habían sido confinadas al pasado por los agentes modernizadores de la esfera futbolística argentina, fascinados por los "adelantos" conseguidos en materia deportiva en los países europeos.Aquellas formas originales, que se habían expandido en el país en fases deportivas anteriores, habían sido deprimidas con el crecimiento exagerado de la organización y los planteos tácticos desde los tempranos años 60. Y precisamente con este intento de rescate de valiosas tradiciones futbolísticas llevado a cabo por el equipo de Huracán, tienden a dejarse de lado, nuevamente, las ataduras inútiles impuestas a los deportistas que ahogaban las motivaciones hedonistas y que restringían, en gran medida, el espacio de lo lúdico.De la aceptación por parte de la comunidad deportiva de la recuperación de rasgos que significaban un firme avance de lo propio y que conllevaba, entre otras cosas, un carácter menos previsible en el desarrollo de los encuentros - ya que lo fundamental es dejado nuevamente al sentido del juego, a la improvisación (elementos éstos que le otorgaban un encanto especial a los partidos ya que se vuelven así más excitantes)- dan cuenta los aplausos que, en varias ocasiones, le prodigaron a Huracán las hinchadas contrarias, superando así el sinsabor de haber presenciado la derrota de su equipo favorito.




Es decir, que este tipo de práctica deportiva que llevó adelante el equipo de Huracán en el año 1973 pudo construirse con aquellos elementos que desde los inicios de la década del '60 sólo habían podido expresarse en forma solapada. De allí que los elementos que habían quedado deprimidos en este deporte por el imperativo de la modernización, por firmes razones históricas seguían despertando orgullo en los aficionados argentinos cuando quedaron nuevamente en estado explícito y pudieron autoidentificarse con ellos (sobre todo con un exponente clave como la gambeta, que invoca en el imaginario popular la posibilidad del triunfo astuto frente al más poderoso).
En este modelo futbolístico quedan así, entonces, establecidas fuertes afinidades entre las disposiciones éticas (libertad para crear y solidaridad entre los miembros del equipo) y las estéticas (vinculadas éstas a las mejores fuerzas de la cultura popular, como son la picardía y la alegría).

Modelo deportivo y proceso social.

No cabe duda que las modificaciones que se produjeron en estos tiempos tanto en la práctica futbolística como en los modos de percepción y evaluación del público no eran ajenas a los cambios culturales que se estaban dando en el contexto social más amplio. Por eso la construcción de ese modelo deportivo de signo creativo, que pretendía alejarse de todo mecanicismo enajenante, y que mostraba así los rasgos más singulares de nuestra cultura (que son los elementos dinamizadores por excelencia de cualquier sociedad), encontraba fuertes grados de correspondencia con el paradigma de la época, aquella ideología que ponía el énfasis en la afirmación de un proyecto de fuerte sentido nacional y que era asumido por un movimiento peronista que había despertado las esperanzas y la generosidad de múltiples sectores sociales.


Notas1 . Las contradicciones que pronto se agudizarían en el seno del peronismo a partir del enfrentamiento de sectores con orientaciones disímiles (y dispuestos a recurrir a cualquier medio para dirimir sus disputas) queda fuera del alcance de este trabajo. 2 . El texto completo de la solicitada puede hallarse en el diario Clarín, 9/7/1973, pág. 39.3 . El Gráfico, 10/4/1973, pág. 25.4 . Es importante aclarar que ésta es una posición diferente de la que sostuvo cuando fue técnico de la selección nacional durante el mandato de la dictadura militar que se instaló en la Argentina a partir del año 1976.5 . El Gráfico, 1/5/73, pág. 26.6 . El Gráfico, 1/5/73, pág. 40.7 . La Nación, 9/7/73, 2ª Sección, pág. 2.8 . El propio Perón, poco tiempo después, siguiendo siempre en esta línea de pensamiento, alertó a la población sobre las trabas que intentaban poner los sectores oligárquicos a su política económica, manifestando lo siguiente: "Ellos se dan cuenta de que hemos nacionalizado los resortes básicos de la economía y que seguiremos en esa tarea sin fobia, pero hasta no dejar ningún engranaje decisivo en manos extranjeras". (La Nación, 13/6/74, pág. 12).9 . Las Bases, 19/12/73, pág. 38.

(Artículo publicado en 'La Marea', revista de cultura, arte e ideas, Nº 10. Buenos Aires, 1997.
Extraído de http://www.efdeportes.com/efd8/rdg8.htm)


El juguete


"Se juega con una sola y si la tenés vos, el otro no la tiene..."


"Defender es tener la pelota. Cada uno siente al fútbol como quiere pero yo me siento más cómodo cuando la tengo y cuando no la tengo me aburro. Si pasan cinco minutos y no la toco me digo qué estoy haciendo acá."

(Juan Román Riquelme en Hagan juego de Ángel Cappa, Bs. As., Tea, 2009.)

lunes, 14 de septiembre de 2009

Otro que habla lindo: Alfredo Di Stéfano




Cappa: A mí me gustan los delanteros que participan y no sólo los que definen.
Di Stéfano: A mí también. El punta-punta no me convence. Punta puede ser cualquiera. Pero un delantero que, además, juegue no es fácil encontrarlo. Tenía un amigo que decía que el delantero puro era "un tronco que navegaba a la deriva en el mar de la ignorancia futbolera". Y tenía razón.
(Extraído de Hagan juego de Ángel Cappa, Bs. As., Tea, 2009.)

viernes, 11 de septiembre de 2009

Feliz día!


"Entrenar entrena cualquiera;

enseñar, ya es más difícil"

(Johan Cruyff)

jueves, 10 de septiembre de 2009

Letra y fulbo

El último entrenador
Juan Sasturain




Me lo encuentro de casualidad el sábado en Adrogué, en el cumpleaños de la hijita de un amigo. Salta el apellido que es raro, poco frecuente, y enseguida asocio a ese viejo, ese abuelo materno sentado casi de regalo a un costado de la mesa puesta en el extremo del living, con los recuerdos de infancia.De las figuritas, no. No es un jugador pero es un nombre y una vaga cara del fútbol. Aprovecho que los pibes se van al patio a devastar lo que queda de un jardín con más calas que pensamientos y le busco la memoria con una pregunta respetuosa, como tocar a un oso despeluchado con un palo a través de las rejas:-Su apellido me suena -le digo mientras nuestras manos convergen sobre la fuente de masitas-. Lo asocio con el fútbol de los cuarenta y cincuenta, cuando yo era chico, ¿Puede ser?Tras un momento me confirma que sí, que es él, y el reconocimiento al que no está acostumbrado lo ilumina un poco, apenas, como las velitas de esa torta de nena, sin jugadores, que espera en medio de la mesa.-Ya nadie se acuerda.-No crea.Nos trenzamos a charlar y no sé bien cómo pero al rato, mientras los otros destapan botellas, nosotros estamos en el dormitorio -porque esa es su casa, la de siempre- destapando una caja de alevosos recuerdos.-Ese año que usted dice salimos campeones -revuelve, encuentra-. Fíjese, acá estoy yo.Y me señala lo evidente, lo alevoso de su figuración. Es la foto de una revista y él está parado a un costado, el penúltimo de la fila de arriba, entre un colado habitual y un marcador de punta de los que todavía no se llamaban así.-Qué pinta.Tiene bigotitos, el jopo tieso de Gomina o Ricibrill y una E bien grande de pañolenci pegada -acaso con broches- en medio del pecho. El rompevientos -así se llamaban los inevitables buzos azules de gimnasia de entonces- está algo descolorido y los pantalones abombachados se le ajustan a la cintura un poco demasiado arriba, le dan un aire ridículo. El equipo, los colores del equipo que enfrenta a la cámara en dos niveles -atrás y de pie, la defensa; abajo y agachados los delanteros del siete al once, y el nueve con la pelota-, no importa demasiado ni viene al caso. Pero la cancha está llena.-Linda foto -digo, porque es linda foto en serio.-Psé.Me muestra otra parecida de esa época, de un diario, y después otra más, posterior, coloreada a mano al estilo fotógrafo de plaza. Ya el equipo es otro y las tribunas detrás, mucho más bajas. El rompevientos -es el mismo, estoy seguro de que es el mismo- está un poco más descolorido.Pone las tres fotos en fila y me dice, me sorprende:-No estoy.-Cómo que no.Y por toda respuesta, contra toda evidencia, pone el dedo en el epígrafe, va de jugador en jugador, de nombre en nombre, y el suyo en todos los casos brilla -como el Ricibrill- por su ausencia.-No era costumbre, supongo -y me siento estúpido.-No era el tiempo, todavía -recuerda sin ira.-Claro.Él sigue revolviendo, elige y me alcanza. Y yo pienso que ese hombre de destino lateral, anónimo adosado al margen del grupo de los actores con una E grotesca en el uniforme de fajina era casi, para entonces, como un mecánico junto al piloto consagrado, o como el veterano de nariz achatada que se asoma al borde del ring junto al campeón. Su lugar estaba ahí, al ras del pasto; su función se acababa entre semana.-No era el tiempo todavía -repite.Y sabe que llegó empírico y temprano y se metió de costado en la foto en que salió borrado.-En esa época había pedicuros, dentistas, porteros... -dice de pronto con extraño énfasis-. Era el nombre de lo que hacían. Ahora les dicen podólogos, odontólogos, encargados... Esas boludeces, como si fuera más prestigioso... Y yo era entrenador.-No director técnico.-Pts... Ni me hable, por favor... -y se le escapa cierta furia sorda, muy masticada.-No le hablo. Tiene razón.Compartimos en silencio certezas menores, módicos resentimientos.-Vinieron con la exigencia de diploma -dice de pronto.-Claro.Me sumo a su fastidio y de ahí saltamos a desmenuzar los detalles, el contraste: el banquito con techo, el verso táctico, el vestuario aparatoso y la pilcha elegida para salir el domingo, esa que nunca se puso. Cuando quiero atenuar tanta simpleza sin lastimarlo, se me adelanta:-Le digo: no se lo cambio.-Le creo.En eso, los primeros padres que vienen a recoger a sus niños irrumpen en el dormitorio y entre disculpas se llevan los pulóveres, las camperas apiladas sobre la cama grande. Entra la mujer de mi amigo, incluso.-Ah, papá... estabas acá -y suspira como si encontrarlo en una casa de tres habitaciones fuera un trabajo-. Y siempre con esas cosas viejas. Sabés que no te hace bien.Ella me mira como si yo tuviera alguna culpa que sin duda tengo y se lo lleva, lo saca de la vieja cancha despoblada para que vaya a saludar a alguien que se va o se sume para la foto con la nieta que -lo sé- no le interesa. El veterano me mira resignado. -Ha sido un gusto.Asiente y se lo llevan. Apenas se resiste.Me quedo solo y guardo las viejas revistas que han quedado abiertas sin pudor ni consuelo. No es cuestión de que cualquiera meta mano ahí. Después busco mi propio abrigo y escucho los ruidosos comentarios del living. Me imagino que para las fotos familiares el viejo se debería poner una remera grande con la letra A de Abuelo, para que al menos alguno pregunte quién es.Pero no me quedo para verificarlo. Me basta con sentir o imaginar que he conocido al último entrenador.

(Extraído de Cuentos y más: http://www.cuentosymas.com.ar/cuento.php?idstory=1981 )

miércoles, 9 de septiembre de 2009

9 del 9 del 09

... les sobra un 9 ?
... a nosotros, no ...